miércoles, 28 de diciembre de 2011

La alquimia del amor (o Mariano y la tonta.)

Los hombres sensibles suelen padecer la desgracia de enamorarse de mujeres bellas y tontas, las cuales no brindan retribución amorosa alguna a sus pretendientes sensibles simplemente por no entender las maneras en que estos pensadores, filósofos, poetas, músicos y artistas intentan seducirlas.
Según afirmaban los hombres sensibles, el arte les había introducido en la cabeza de una manera tan efectiva los desamores, los engaños, los desencuentros que, en lugar de buscar el amor posible y correspondido (en resumen, la felicidad) ellos, inconscientemente, siempre buscaban el amor que no podía ser, el amor imposible (en resumen, la tristeza). Esto no suena nada ilógico ya que los buscadores de utopías, los poetas, los sensibles, buscan el amor que no puede ser porque siempre es el amor que más quiere ser. Vamos a decirlo de una vez, los amores con mas pasión siempre son los imposibles. Además la tristeza es la materia prima de toda obra artística, tal vez otra razón para que estos hombres (artistas frustrados) eligieran el sufrimiento.
Uno de los casos mas sobresalientes (el que se comentaba en todo asado) fue el siguiente:
Mariano se hallaba enamorado de una señorita a la que nada le interesaban sus torpes recitadas de Ruben Darío y sus explicaciones de pasajes de Kant. Es más, la mujer solía dormirse al escucharlo hablar sobre Pitágoras o Heráclito. Advirtió que la muchacha era bastante tonta y que había una gran diferencia intelectual entre los dos; esto, en lugar de producir rechazo, le propicio el efecto contrario y lo enamoro aún más.
Mariano aburría completamente a esta muchacha y ella nada veía en el de interesante o seductor. Esta mujer, entonces, decidió acentuar mas las diferencias con él para poder librarse así de la presencia molesta de su pretendiente, tan intelectual como aburrido. Creyó que esta sería la mejor manera de dejarlo sin tener que herirlo pues, después de todo, él no era mala persona.
Pasaron semanas y la mujer no lograba cumplir su objetivo. Mariano cada día se enamoraba más de ella. Ya desesperada intento rechazarlo suavemente : no verlo por algunos días, distanciarse, ser mas fría. Hasta dejo de fingir interés en las palabras de nuestro pobre pensador sensible.
Un día, ya sintiendo el rechazo de parte de esta mujer, Mariano decidió cambiarse un poco. Creyó (con razón) que su inteligencia producía el rechazo de la mujer hermosa-tonta. (Lo más lógico hubiera sido que el cambiara de objetivo,de mujer, pero el amor no es transferible y, como ya amaba a esa mujer, la sola idea de no estar con ella y estar con otra le producía nauseas). 
Intento volverse estúpido para bajar a la altura de la muchacha y cada vez notaba mas que lo que esa mujer tenia de bella lo tenía de ignorante. Cambió los discos de líricas profundas y duras (como las de Discépolo) por discos un tanto más populares y vacios, tontos, como los de Led Zeppelin, que poco tenían que ver con la vida de un hombre inteligente y profundo como él. Cambio, además, los libros de Sartre, Camus y Voltaire por libros de Paulo Cohelo o Vargas Llosa. Cambio de ropa, de comida, de bares y hasta de manera de pensar. Cambio todo para que su mente este afín con la de ella. Finalmente, ya convertido en un verdadero idiota, consiguió que la mujer tonta se enamore de el.
Luego de unos meses de besos en esquinas, amor en habitaciones y comidas en cafés, Mariano se aburrió y la dejo. El amor para él significaba un desafió, un juego, una competencia. Ella ya lo amaba y el peligro de que lo dejara de amar no existía. El desafío había sido propuesto y había sido superado.
Sin embargo, yo sospecho que él se desenamoro por la misma razón  que se desenamora todo el mundo, por la única razón que el amor muere: Él vio hacía atrás y  noto que en su búsqueda de la “alquimia del amor”, del "amor perfecto", había logrado llegar hasta la mujer que amaba, pero se había perdido el mismo durante el camino. Estar con alguien no estando con uno mismo, no alcanza para crear la alquimia del amor, que todos los hombres sensibles buscamos.

lunes, 26 de diciembre de 2011

Podría escribir hoy algunas rimas pero cada vez que lo hago me convenzo más de que no me salen como yo quiero. Puedo hasta decir que la poesía es un arte inconcluso porque busca expresar sentimientos pero jamás alcanza para expresarlos completamente, por eso la poesía se vuelve algo tramposa. Esta manera de escribir me parece mas práctica y mas fácil. Es así porque no me exige nada. La poesía me exige rima y muchísimas cosas mas que no entiendo, por eso, vamos a dejar esas cosas para los que saben.
Es tan difícil escribir en este momento donde nada tiene sentido. No disfruto de "las pequeñas limosnas de los días" como diría Borges. También odio que esto (mi blog) se convierta en un diario sobre lo que yo siento o pienso. Nadie merece saber lo que pasa por mi cabeza y, de verdad les digo, están mejor sin saberlo. Grandes pensadores, filósofos (y hasta padres de la iglesia católica) sostenían que la única manera de ser feliz era no conociendo la verdad. Existe una verdad universal que no permite al que la conoce volver a ser feliz. Jamás. Yo creo que cada día palpo un poco mas esa verdad. Me da miedo hacerlo. Me da miedo quitar el velo que nos propicia cierta felicidad. Me da miedo pensar que todo amor es en vano, me da miedo pensar que todos de alguna manera vamos a morir, me da miedo saber que seré olvidado, me da miedo pensar que no hay conocimientos verdaderos. Me da mucho miedo pensar que no hay música, ni puntura, ni mujer, ni libro, ni amigo que podría hacerme feliz por un segundo. Los hombres somos miserables (esto ya lo dijo Schopenhauer y Woody Allen).

martes, 20 de diciembre de 2011

Lo oscuro pierde el peso de la nada,
pierde el peso de las velas apagadas,
esta noche voy a cobrar mis pasiones
y voy a curar todos mis dolores.

¿Podemos entender esto que nos salva?
seguro nos salva el arte de esconder
las vidas que encontramos en la piel
de cada vieja alma que se vende cara.

Incompetencia en el poder de tu castillo,
los barcos querida ya no son los mismos,
los náufragos se hundieron hace rato,
parece que al final te olvidaste de salvarlos.



 




miércoles, 14 de diciembre de 2011

Los ojos prestados que pienso en devolver.

Un razonamiento sin razón se desliza por las esquinas del tiempo. La imitación burda y celosa me golpea las hojas y lee, lee cada palabra, y se ríe. Un “no estar aquí ni allá”, invade la habitación, invade la sangre y puede que invada las letras. No ser el otro, no ser yo, no ser lo que se es ni lo que se muestra ni lo que piensan que se es ni lo que se desearía ser, todo eso recorre la humedad de las paredes. Fingir sentirse querido hasta que se demuestre lo contrario. Fingir sentirse amado hasta que se demuestre lo contrario. Esperar. Tiempo: filo en el cuchillo de un dios encaprichado con la muerte y con la vida. Una copia de “Las mil y una noches” desde donde los efrits salen cada noche para intentar llenar un alma que ya no se llena. Una canción que se repite, una canción con una voz conocida, una canción que significa algo que yo ya no puedo escribir. Alguien que abre la puerta, no quiere entrar, pero no la cierra. Solo mira y escucha, pero nunca amor, nunca habar, nunca nada. Nunca encuentro de almas, nunca un beso. Una amiga que escribe algo hermoso que se convertirá en estas palabras. Eso que escribió ella ya es esto y será otra cosa también, en la mente de alguien más. Un poema escrito por un ciego que por ser ciego sabe mirar. Una sinfonía compuesta por un sordo que por ser sordo sabe escuchar. Un ateo rogándole a Dios. Un creyente sin dios en la madrugada. Un “no hay dios, sino Dios, y Cristo es el mensajero de Dios”. Un rosario comprado a una anciana. Una risa que se les debe pagar a algunos amigos. Algo que quiero dar pero no encuentro quien lo quiera ni quien lo pida. Un poema no escrito en verso. Pensamientos aislados que fluyen, fluyen como el río Areco, donde me metí un verano de soles brillantes y vientos cálidos. Nuestros pensamientos fluyendo, tus pensamientos y los míos. No, no hay personajes ficticios y cada personaje soy yo. Fui Homero y Platón. Fui Horacio y fui Leopoldo. Y no, yo nunca fui Mariano. Ahora no soy ninguno, no soy nada y por eso vuelvo a ser yo. Escribir solo para mover los dedos. Escribir sin saber para qué, para quien. Escribir sabiendo que nadie que me interese leerá esto. Escribir por mí, para mí, para no sentirme tan solo. Escribir para no mirar una foto. Lágrimas que caen pero que nadie las entiende. Nadie las entiende. 

jueves, 8 de diciembre de 2011

Lo buscado. Lo encontrado. Lo perdido.

Muchos hombres (sobre todo los más inteligentes) han conocido alguna vez el momento del vacío. Ese momento donde lo perdido también es lo desconocido. Donde alcanza a notarse una desesperación que solo puede definirse como tener la certeza de que se debe encontrar algo, pero no saber que. Al menos a mi me lo han explicado así. Y lo ha hecho gente de la más interesante labia. Sobre todo los hombres de bar que, todos sabemos, son siempre los que están buscando algo. Más que buscar lo esperan. Es así, dicen que salir a buscarlo es inútil, que en la mayoría de los casos buscar eso solo puede llevar a la locura y al suicidio, entonces conviene más esperarlo. Los que no lo están buscando no lo hacen por miedo. Prefieren distraerse con programas de televisión, libros tontos, falsos amores, trabajos dichosos, y sobre todo, con dinero.
Al interesarme sobre el tema (a esa altura yo ya sabía que también estaba buscando eso) decidí recorrer bares y hablar con algunos hombres para lograr así una especie de construcción de concepto que me ayudara a buscar eso o, al menos, reconocerlo cuando llegara. 
Muchos me dijeron que se encuentra dentro de nosotros, que es algo que se despierta, una chispa escondida y dormida, a punto de arder. Este concepto no me ayudo. Lo que yo estaba buscando no estaba dentro de mí, era algo que sabía que no me pertenecía. Otros se jactaban de saber que lo que se busca se encuentra fácilmente en el arte. También por supuesto desconfié de esto, pues, mis grandes devoradas de música, libros, pinturas y sueños (porque el sueño es un arte) nunca me habían otorgado ninguna respuesta, al contrario, habían creado en mí varias dudas. De todas maneras de vez en cuando me encontraba con tipos serios, que solo hablaban de negocios y de dinero, y esto realmente, solo lograba que tome más y que me diera mas sueño.
Había decidido dejar de buscar. No encontraba no solo lo que buscaba, sino tampoco su definición. La desesperación caía sobre mi estómago y poco a poco comencé a bajar de peso. Mi aspecto era terrible, como el de un enfermo. Uno de los últimos días que me había prometido buscar, me encontré con un tipo de aspecto muy parecido al mío, pero peor. Le invite una copa para que no se alejara y me senté frente a él.  Mis palabras fueron claras y, tal vez, demasiado bruscas.
 -Vos buscas lo mismo que yo. Decime si sabes lo que es.
El tipo no pareció sorprenderse con mi pregunta. Juzgo esa reacción de naturalidad como una prueba de que yo no fui el primero en hacerle semejante pregunta. No, varios más se habían sentado frente a él, preguntando.
La respuesta que me dio, fue simplemente esta:
-Lo que vos buscas yo ya lo encontré y lo perdí, que es peor. Si lo seguís buscando lo vas a encontrar, no te preocupes, pero debes saber, y te lo advierto como me lo advirtieron entonces a mí, que el que lo encuentra siempre lo pierde.
Sentí miedo y tristeza, es algo que no puedo negar. Entendí que si él me decía que era lo que debía encontrar, si me daba su definición, una pista,  yo lo encontraría. Saber que era lo facilitaba todo. No me decidía si escuchar su respuesta o no. El tipo se veía peor que yo. Lo único más terrible que no encontrar lo buscado, es perderlo.
De todas maneras debía encontrarlo. Es inexplicable, pero en ese momento uno quiere encontrar eso. Así que insistí.
-Lo que buscas pibe es a una mujer. El amor de una mujer, en verdad. Pero no creas que hablo de lo que se ve en las telenovelas, en las películas, o en los libros. No, escucha. Buscas a esa mujer. La mujer que es la otra parte tuya. La costilla de Adán, la costilla que te falta. Muchos hombres sienten que le falta su otra parte, pero no todos eh. Los que verdaderamente sienten la falta de su otra parte, de su mujer, la encuentran. No es un amor de años, no es un matrimonio. Es efímero, como un resplandor captado un segundo por el rabillo del ojo. Te vas a sentir lleno, no vas a tener miedo. Solo amando a esa mujer te vas a poder amar a vos mismo. Y eso, eso, es la felicidad. La plenitud del todo, del estar completo. Conseguir lo que nos falta. No sentir mas ausencia.Pero, ojo, después se va. Solo dura un momento.
-¿Vale la pena encontrarla?- pregunté casi inocentemente, vacilando. 
-Es hermoso. Vale cada puto segundo del sufrimiento que viene después, pibe.
Al salir del bar y despedirme del triste y buen hombre me crucé con una mujer. En sus ojos vi que era ella, la que yo buscaba. Me invitó entrar por una copa. Quise irme, alejarme, pero no logré ceder. No pude dejar de mirarla y acepté la invitación.
Hasta ahora no la he olvidado, pero entendí algo que los otros no entendieron, que nadie jamas entendió: No es necesario tocarla, no es necesario verla, no es necesario escucharla. Basta solo con saber que ella esta allí.  

sábado, 3 de diciembre de 2011

Sobre el peso ontológico del “Ser”


El peso ontológico del “Ser”
¿Qué es la ontología?

Partamos desde donde se debe partir: Desde las definiciones.
Primero con la palabra ontología:
La ontología es una rama de la metafísica (rama de la filosofía que se encarga de estudiar la realidad desde el punto que va más allá de la materia) que se encarga de las entidades y de sus existencias, y además, de las maneras en que estas entidades se relacionan con su existencia y con sus co-existencias.  Estudia al ser en tanto lo que se es. Algo así como un estudio general de propiedades, estructuras y funciones de un existente.
Las mayorías de las entidades que estudia la ontología son abstractas: Dios, el ser, las ideas, el pensamiento y el amor son algunos ejemplos.
 Aristóteles llamaba a la ontología “filosofía primera”. Y la considera como la ciencia del “ente en cuanto ente”. Esto significa el estudio de los entes (algo que está ahí, que se manifiesta en nuestra percepción) partiendo desde el ente mismo, desde su propia estructura y, luego, desde su relación con  lo demás.  Por ejemplo: una piedra (su forma, su color, su peso, su textura) y la relación que tiene con todo lo que no sea esa piedra, con todo lo que no–es-esa-piedra.  Esa piedra es porque está ahí rodeada de otros entes que no son esa piedra. La piedra es porque es una parte dentro de la totalidad del universo y de nuestra percepción.
Para concluir: la ontología forma una parte muy importante dentro de la ciencia filosófica por preguntarse los límites de lo real, de las ideas, y de las manifestaciones posibles de los entes con la realidad  y de su relación con ella.

¿Qué es el “ser”?

Hay muchos conceptos para una sola palabra. “Ser” es una palabra a la que varios filósofos le han atribuido un concepto. 
El ser es la definición por acción del ente. Es un ente (cosa que es, que existe, como ya aclaramos) manifestándose frente a un medio. A continuación veremos los conceptos de “ser” de algunos filósofos:
Paraménides: Lo define como algo que es y que existe, o sea, todo lo opuesto a la nada.
Platón: Lo define como la idea. Es inmaterial, absoluta, perfecta.
Aristóteles: Lo define como sustancia compuesta de materia y forma, unidas inseparablemente.
Heidegger: Heidegger ha sido el filósofo que le devolvió a la filosofía la pregunta por el ser. Creía que el concepto del ser había sido desontologizado y que habían vaciado todo su contenido existencial.  
Para Heidegger un concepto de ser no puede ser un concepto genérico como lo definiría a un ente. Para lograr un concepto de “ser” se debe ir más allá de una generalidad genérica (o sea, material), porque el ser es trascendente por excelencia. Entonces para definir a un ser no basta con tomar un concepto genérico-material, se debe tomar una generalidad trascendental de ese ser.  La finitud del ser ocupa un lugar importante en la filosofía Heideggeriana. La finitud le da temporalidad al ser, el tiempo es el único horizonte en el que le es posible moverse al ser. Para Heidegger el ser hombre es el dasein: esta arrojado en el mundo. Estar-en-el-mundo es el único modo del ser. La finitud del hombre dentro de la infinitud del universo lleva a querer comprender el mundo.
Sartre: Para Jean-Paul Sartre hay dos tipos de ser:
El ser-en-sí: algo que está allí, algo que es, como una roca, una casa, una fruta, una vaca.
Y el ser-para-sí: es el ser de las personas, el ser teniendo consciencia de que es, como subjetividad, teniendo libertad.
Para Sartre no existe dualidad de ser-parecer. El ser es lo que es y no lo puede ocultar. Esta ahí manifestando siempre su esencia. En caso del ser-en-sí mediante sus características materiales y físicas. En caso del ser-para-sí, o sea, de las personas, mediante sus actos.

jueves, 24 de noviembre de 2011

Ema. Hay que saber soportar.

Se puede percibir en las fotografías viejas cierto tinte sepia, un color que inmediatamente se asocia con la tristeza y la melancolía, aún más si la fotografía vista retrata el rostro de un ser que alguna vez hemos querido y del cual ahora no poseemos conocimiento alguno, solo el de que mora indiferente como tantas otras personas en el mundo, pero que aún así, no es solo otra persona. Y ahora estoy observando una de esas fotografías que nos tomamos hace tantos años que ya no recuerdo si estoy viendo en la fotografía a la persona que hoy veo frente al espejo. ¿Seremos ahora aquellos que fuimos antes? Según Heráclito, no, que casi sin piedad me dispara esta cita:Nadie se baña en el río dos veces porque todo cambia en el río y en el que se baña”. Su cita es para mí, en este momento, realmente dolorosa.  Neruda, tu poeta, ya lo dijo en un poema también: “Nosotros los de antes ya no somos los mismos”. Ahora sé Ema, querida, bella Ema, que jamás volveremos a ser los mismos, aunque recorramos todos los caminos que recorrimos, aunque nos besemos en todos los lugares donde nos besamos, aunque hiciéramos una especie de Bloomsday, jamás serás la Ema que se encuentra en mi recuerdo. Los lugares y las acciones no nos devolverían nada. Ema, nadie nos va a devolver nada. De todas maneras me rehúso a buscarte en otra mujer. Ninguna tendrá esos ojos que eran capaces de detener a la horda de dudas y miedos que asechaban mi espíritu. Una mirada, una palabra, un beso tuyo (boca, labios, papel de fumar) y todas las inseguridades existenciales caían ante la seguridad de tu cuerpo sobre el mío. Tu cuerpo, igual a: todas las preguntas contestadas. Entiende el amor Ema, lo entiendes. Yo no. Dos opciones:
A)     A)Amor como dador ontológico del ser. B) amor como olvido total del ser.
¿Me olvidaba de mi yo cuando estaba contigo Ema, o tú eras la que me otorgabas mi yo? Ahora eso no debe importarte. A mí en verdad no me importa. Solo sé que se escucha un tango.

Mis penas dadas aquel ayer
No deberían ser mías sino de el
Que duerme en la cama de una mujer
Que no le otorgará ningún placer.

Ah, música para los que duermen en camas vacías: hermosa compañía. No sé porque escribo una carta para ti que nunca leerás. Tal vez tengo la esperanza de que algún día vuelvas aquí entonces la veas me mires y sonrías. Mejillas rojas. Besó húmedo. Mate y bizcochos conmigo. Te extraño a ti. No extraño a todas las mujeres con las que estuve. Te extraño a ti. No hay compa-ración.  No hay razón en sufrir, tampoco en amar. Tampoco hay razón en nacer o en morir. Las verdaderas reliquias de esta vida Ema, son esas, las que carecen de razón. La que ningún hombre podría encerrar en un concepto. Las que solo se pueden apenas-describir-apenas (ah! Penas!) Con el arte. Donde no hay razón, hay arte. Donde hay vida, hay arte. Donde hay amor, hay arte. Donde hay sufrimiento hay arte. Donde hay muerte, hay arte. Hermosa herramienta, dada como un machete para atravesar la selva. Hay que saber esperar y soportar Ema. Duermo con el tango.

Que duerma con el que yo silbo
Este hermoso y triste tanguito
Mujer que no logra quedarse
En la cama con un solo amante.

Al azar 3

Metempsicosis. Origen griego. Creencia de la transmigración del alma. Etimología: latín: meta (después) pysche (espíritu, alma). Una de las dudas que siempre asechó a mi persona tiene que ver con la reencarnación. ¿Es posible reencarnar? Yo podría haber sido algún jefe aborigen. Lo consulte y parece que fui eso. Pero si lo he olvidado no lo pude haber sido. Para ser hay que tener consciencia de que se es o de que se fue.
¿Que une a un líder aborigen con mi persona? Líder por naturaleza. Acuariano: creativo, revolucionario, libre, líder, conmovido por las desigualdades sociales. Parece que mi signo del zodiaco representa muy bien al jefe aborigen. Tal vez a un Tupac Amarú. O algo así. Pero yo no tengo capacidad de liderazgo o de creatividad. De todas maneras no pienso escribir sobre las cualidades que me faltan (oh, ya lo hice), no necesita eso mi autoestima. Si luego de luchar contra la colonización de América, yo no puedo conservar en mi recuerdo, en mi consciencia, un solo grito, una sola cara, una sola lucha, es la prueba de que nunca fui nada más que lo que soy ahora. Nada de jefes, ni de líderes, solo Facundo.
Luego, veremos finalmente que somos, como se dice, el tiempo entre una nada y otra nada. Y que la vida posee un solo objetivo: experimentarse. Es una realidad que debe ser experimentada.
Efímeros, demasiado efímeros. El amor nos da cuenta de eso. Cuando se termina es como una pared que nos demuestra lo fútil de las cosas. El amor es la pared que nos marca un límite, que nos dice que siempre vamos a cesar, que siempre hay un lugar al que no podremos llegar, que siempre hay un tiempo que no compartiremos con una mujer, que siempre hay un cuerpo que no podremos poseer.
De todas maneras esta siempre el arte, que es eterno. Es la única forma de alcanzar la inmortalidad. Y si no es la única, es la más hermosa.

sábado, 19 de noviembre de 2011

Poema

Si luego de lo que pasó,
Entre los dos,
Una gota de rencor
Toca mi corazón,
No creas que logrará
Llevar tu recuerdo al olvido,
No creas que logrará
Destruir lo que construimos.

Si luego la distancia
Me impide ver tu rostro,
Si luego tu indiferencia
Me deja aquí solo,
No creas el tiempo logrará
Hacer que olvide
Todo lo que alguna vez
Me dijiste.


Si el amor que soñaba
Fue una mentira
Si tus ojos me veían
Con lástima impía
No creas que no soy hombre
Para poder decirte
Que siempre ame
Todo lo que me diste.

Jamas volverás a cruzar
esa calle, la mía
no volverás a la plaza
donde mis ojos veías,
Jamás volverás por acá
porque esos brazos (que abrigan
tu cuerpo hermoso de ninfa)
te arrancan de mi vida.



miércoles, 16 de noviembre de 2011

El fantasma Beatriz.

Se comentaban en el barrio Esmeralda, donde Mariano paso su infancia y juventud, unas frecuentes y diversas apariciones sobrenaturales. Cada calle poseía su fantasma. Las calles más oscuras poseían fantasmas blancos, las calles de mucha luz poseían fantasmas verdes, y la calle General Perón poseía a un ferviente fantasma montonero. Esto son solo algunos espectros de los muchos que andaban por allí. El número era incierto, a decir verdad, se hablaba de cifras de entre diez a cincuenta fantasmas. Algunos extremistas afirmaban que los fantasmas no eran en verdad fantasmas, en cambio, eran las verdaderas personas vivas y los vecinos, los muertos.  
Los fantasmas solo se cruzaban una vez al año, se elegía una esquina del barrio y juzgaban los mejores sustos para elegir a un ganador. Yo supongo que habría alguna clase de premio para el que había producido el mejor susto. Llantos, gritos, insultos, orina. Ese estilo de cosas.
No había en el barrio vecinos, valientes o cobardes, que quisieran cruzarse con algún fantasma. Sin embargo, existía un solo fantasma que era buscado: Beatriz.
El fantasma Beatriz fue en vida una mujer que se suicido al no poder volver a ver a su marido, que había fallecido en la guerra. Carecía de forma humana propia, pero al encontrarse frente a  un hombre o una mujer, podía tomar la figura del ser amado de esta persona. Imaginemos el deseo que siente cualquier persona de volver a ver a su amado o amada. Pero existía un problema: Beatriz nunca caminaba por la misma calle, ella era el único espectro libre.
Era normal ver en la madrugada desdichados de amores no correspondidos caminando por las calles, buscando al fantasma que le pueda satisfacer el deseo de ver a su ser amado, aunque sea falsamente y por pocos minutos.
Como todo joven de ese barrio, Mariano sufría por amor, y las noches en que recordaba a su amada (todas, durante muchos meses) caminaba por las calles buscando. Solo tres personas fueron capaces de encontrar a Beatriz y el, como tantos otros, tenía la esperanza de ser el cuarto.
Como todo triunfo es fruto de la insistencia, Mariano logro al fin encontrarse con Beatriz. Estaba vestida de blanco, y tenía la forma de ella, de la mujer que el amaba. Mariano al verla corrió, y la alcanzó algo agitado. Si, Beatriz era parecida a ella, igual a ella, pero no era ella.
Cualquier enamorado es inmune a lo falso, a la imitación. Todos los enamorados conocen el verdadero valor de lo real, lo único. Mariano miro a sus ojos y no vio los ojos de la mujer que lo había abandonado hacía algunos meses. Mariano vio los ojos de Beatriz y no vio nada. Se marchó a su casa.
Nunca más volvió a buscar a su amada en otro lugar que no sea en su propio recuerdo.

domingo, 13 de noviembre de 2011

Antúnez.

Hace ya varios años, en los bares que solía frecuentar de joven, se comentaba a menudo la desgraciada historia de un malevo de apellido Antúnez. Un hombre al que supieron respetar en la llanura. Intentare escribirla para el recuerdo de la posteridad, o simplemente, para el mío.
Se decía que su familia provenía de Portugal. Viajaron hacía España y luego llegaron aquí, a La Pampa, cundo aún los campos no estaban cercados con el alambre de opresión.
De su infancia no he escuchado mucho (dudo además que mucho se sepa), solo que el pequeño Antúnez se divertía montando a los caballos y que en poco tiempo llegó a ser un experimentado domador. La naturaleza le sentaba bien. En su juventud, ya adolescente, era normal verlo mateando y disfrutando del crepúsculo de la tarde. Era pacífico pero poseía gran habilidad para el cuchillo, resultado de tardes mirando absortó y asombrado el filo de una faca.
Cuando llegó a los dieciocho años de edad, su padre murió. Colmado de dolor llegó con su madre a nuestro pueblo. Era un joven taciturno y no se relacionaba con nadie. Incluso cuando se lo veía en los bares era normal que no hablara, aún entre el bullicio de los gauchos, con sus juegos de cartas y de perros, el permanecía en silencio y solo. Tenía dos debilidades: el alcohol y las mujeres.
En los prostíbulos encontró, lo que quizás inconscientemente buscaba, lo que marca a todo hombre para siempre: El primer amor.
Era una muchacha joven (algunos hombres me comentaron que era aún más joven que él) regordeta, y alegre. Era la favorita de todos, pero para Antúnez, que yacía bajo los efectos del amor, era la única.
En las noches que estuvo con ella, no solo disfrutaban relaciones carnales, si no que Antúnez pagaba incluso solo para hablar con ella, lo cual desesperaba a la hermosa mujer, que era toda una profesional y acostumbraba a cumplir su trabajo sin palabra alguna. Entonces, mientas a ella le ganaba el sueño y el aburrimiento, Antúnez le prometía sacarla de ese lugar, sin notar que a la joven muchacha esta idea no le producía ningún sentimiento alegre. El creía que sus respuestas  desesperanzadas eran solo el producto de promesas incumplidas de otros hombres que llegaron antes de él.
Luego de varios meses Antúnez se decidió obligarla a que ella dejara su oficio. Apareció en caballo prometiéndole una vida mucho más rica y más cristiana. Ella no aceptó, una vida desconocida no valía para ella más que una vida que ya le pertenecía, que era suya. Esto por supuesto llevó a una discusión, y los gritos llegaron hasta los oídos de los gauchos que bebían en el bar. Ellos no pudieron aceptar la ofensa del muchacho nuevo en querer llevarse a la favorita. Entonces comenzó un duelo con cuchillos. Tres gauchos contra Antúnez.
Al momento del crepúsculo el último hombre cayó al suelo. El joven portugués había derrotado a los tres paisanos. La joven prostituta al ver semejante acto de hombría y valentía corrió a declararle su amor al joven. Antúnez la insulto y le ordeno que volviera al prostíbulo. El ya había sentido el filo del cuchillo en la piel y había experimentado el asesinato. Esas cosas que anulan el amor. En esa pelea sintió algo más satisfactorio, mas profundo, y mucho mas real que el amor, y esto lo convirtió para siempre, en el malevo Antúnez, el portugués.

jueves, 10 de noviembre de 2011

De todas las traiciones fuiste la mejor,
la mas linda traidora en el amor,
regresaste al infierno que deseabas,
con el encanto de tu alma y de su alma.

Que se quemen las esquinas y moradas
donde tu amor con el de él jugaban,
¡no saben de dolor las felices parejas!
¿¡que sabrán tu y él de la tristeza!?

Si, el eterno solitario sigue aquí
escribiendo, de algún modo muerto,
dos tristes almas juntas
(las de ustedes)
valen mas que la de uno solo
(la mía que envejece)

miércoles, 9 de noviembre de 2011

El predicador y el rey.

Interrumpen al hombre que predica,
(Que expuso hoy sus mejores palabras)
Le tapan los ojos y los llevan sin ropaje
A lo que será su destino inefable.

Yo lo miro desde lo alto de mi torre,
Hecha de cristales o de soles,
Mientras  árboles sirven de guardianes,
Como caballeros verdes formidables.

El sol cae en el mágico ocultamiento,
Crepúsculo hermoso que refleja de luz a las aves,
El sol se apaga y el que predica sabe,
Que ellos apagarán también su palabra esa tarde.

La luz que vio no era la de un ángel
(Ellos no podrían salvarle)
La luz era la de la hoguera
Que comenzaba a consumarse.

Las personas como buitres se agolpaban,
Se empujaban para ver el espectáculo
Del gran predicador de palabras santas
Que moriría esa tarde en aquel patio.

Desde lo alto de mi torre, la ventana abierta
El viento que llegaba a penetrar mis ideas,
Trajo tristeza al saber que el hombre aquel
Moriría por creer y tener fe.

No grite cuando sucedió
Eso que a la gente le gustó,
No grite pero lloré,
Lloré del ocaso al amanecer.

domingo, 6 de noviembre de 2011

El enamorado y Satanás.

Se cansó de tener que pedir explicaciones y se marchó. A las explicaciones las necesitaba, pero ahora necesitaba un cigarrillo. Saco uno, el último, del bolsillo. Lo prendió algo temblando por el frío o por la violencia de la situación. Hay que decir que lo violento de la situación fue que ella estaba tranquila, y el, abrumado, desbordado, desorientado, y hasta perdido, convencido de que la mujer que estaba frente a él, a la cuál sometía a interrogativos que ella no contestaba, no era la mujer que tanto amo, y peor, que tanto lo amo a él. Pero ese convencimiento era un convencimiento irreal (como el de un loco que está convencido de ser San Martín).Ella era ella, él era él, y el otro tipo era el otro tipo. Y encontrarse los tres en una misma habitación era el colmo, era lo absurdo del universo, la comedia y la tragedia, todo un horror digno de una novela barata. “Si al menos yo no hubiese reaccionado como el protagonista de la novela barata, carajo.” Pensó mientras cerraba los ojos para no tener que ver el humo del cigarrillo, que era azul y fantasmal, y se confundía con una posible emanación o representación de sus pensamientos.
Miro el puente y se horrorizo al no saber porque justo después de eso momento había decidido salir corriendo (corriendo, eso era lo peor) hacía el río. Como un impulso, como un instinto de salvación. Sin embargo el impulso no lo llevó a tirarse, solo lo dejo ahí petrificado, fumando y contemplando el río, a oscuras y con un frío de puta madre.
La entrega y la pobre devolución lo desilusiono.  No le importaba que ya no viera su cara, o que no sintiera su piel, le molestaba (como siempre) la traición, el ocultamiento de la verdad por cobardía. La infidelidad no es otra cosa que eso. Ojos que no ven corazón que no siente, che.
Pero allí estaba el río como desafiándolo, como preguntándole si él se podía llegar a ser el héroe Sísifo, si podría levantar la roca aún estando consciente de que es inútil porque volvería a caer (este hecho no era una de las tantas veces que la roca había caído), o si era capaz de la estupidez o inteligencia (que línea delgada las separa) de entrar en el río, hundirse, escupirle en la cara a la vida, decirle “vida no me importas un carajo, regalo divino mira lo que hago con vos”.  Pero no era solo por una mujer, era por él. Por lo que se había convertido. No la culpaba, no se puede estar con un hombre de su perfil. Analizo las opciones y eligió no suicidarse, más vale malo conocido que bueno por conocer. Ahora se iba a sentar en la plaza, pateo una piedrita, cayó en el río, se imagino a él cayendo al río y de nuevo la idea del Aqueronte se hizo tentativa. Pero no, en las profundidades húmedas del agua y la muerte no se disfruta tanto como en la plaza principal, viejo. “Lo mejor sería ir a escuchar alguna banda musical, de pobre fracasados como yo, y ponerme a escuchar. Son fracasados pero aún así son mejores que yo, yo escucho, me siento, ellos allá arriba, que posición formidable la de arriba de un escenario. Superioridad sin objeción y sin culpa.”
Entro en un bar que no conocía, triste, lúgubre. De lejos vio un tipo que parecía un empresario de mucha guita, de cerca noto que era el mismo Satanás, igual no había mucha diferencia.
-Nos volvemos a ver, Mariano. Una copa para mi amigo, una copa de…
-De Whiskey. No me digas che, esto de la piedra me tiene mal.
-Se cayó otra vez. ¿No?
-En un cuarto de hotel. Uno grande, musculoso, cara de tonto, con poca calle y mucha falopa.
-Ah, las mujeres, Marianito. Las creamos yo y el de arriba, antes del destierro, viste. El les dio muchos dones. Yo solo necesite darles uno para que se convierta en el mejor y en el más usado.
-La belleza.
- No querido, el engaño. La licenciatura en engañar, viejo.
-Qué lindo trabajo fue el tuyo. Las de almas que habrás colectado por ellas. Ninfas chupasangres.
-El amor eterno de una mujer. No hay tonto poeta que no ceda su alma por eso.
-¿Y al revés?
-No, el hombre es el único ser tan estúpido para no entender que para el triunfo en el amor solo hace falta bailar bien. Hasta algunos animalitos lo saben. El pavo real no, a él le basta unos buenos colores. Que animal ese.
-Hermoso. Como lo era ella, amigo, brindemos. Lástima que yo no tengo colores.
-Y que ella no es una pava. Mira, si lo deseas tanto me pongo formal y te ofrezco su amor. Tu alma después de tanta filosofía no vale mucho. Entendelo como un favor mío, porque en realidad es una estafa.
-No gracias. El amor no es eso. No puedo serlo, tiene que ser otra cosa. Aunque no lo sé.
-Que sabrás vos, cornudo. Recién en el río se te cruzo algo por la cabeza. Eso es regalármela, no vendérmela.
-Nos vemos che, tengo que ir a olvidarme de ella. Olvidar es un trabajo horrible, de eso vos sí que no sabes.
-Quedate a escuchar un tango, querido.
-Otro día, ando apurado.

sábado, 5 de noviembre de 2011

No olvidará.

Después de la lucha conoció el goce
de entender que no se gana en esta vida
si no se tiene piedra en el corazón,
si no se tiene hiel en la razón.

No se tienen preparadas camas tibias
para aquellos hombres insanos como el
los vencidos con sus zapatos (los de el)
rotos, sucios, desgarrados de perder.

Él fue uno de ellos, un caminante…
no llevaba verdades en mochilas,
pero,
no le molesto el peaje del amor
que encontró en los ojos
de alguna mujer que conoció.

Muchos hombres habrían querido
estar en su lugar de amante
tanto se mintió cuando decidido
amar a una mujer que no lo ame. 

Error de poetas y de tontos,
error de idealistas y valientes,
error, tan terrible como la muerte
que, como el, odia el amor y lo padece.

Así conoció lo dulce del dolor,
que siempre viene acompañado
del consuelo de saber que los hombres
nacen para amar a esas mujeres-cuadros.

Esos cuadros que son las mujeres,
mujeres como ninfas y amapolas,
como llamas, y estrellas y también,
como luciérnagas curiosas.

Se puede pasar la vida llorando,
pero como dijo Alejandro,
la cura para el amor es correr
hacía otro camino, hacía otro llanto.

Saltar como un conejo,
de amor en amor,
de traición en traición,
de dolor en dolor.

Considera el caminante algo estúpido
recurrir al olvido para borrar el dolor
el olvido de ese amor sería mil veces peor
que recordar con dolor los labios que besó.


No olvidara que la vio 
cuando comenzó el año
no olvidara que vio el primer sol
y a ella, 
cuando comenzó el año.


No olvidara el reproche
de no saludarla una noche,
ella no sabe que el se asusto
porque vio el aleph en sus ojos
esa noche.


No olvidara que el azar 
nunca actuó con ellos,
sabe que la casualidad
no crea momentos tan perfectos.

No olvidara
la piel y la risa,
la noche y los días,
la luz en los arboles,
el comienzo inimaginable,
impredecible e inmodificable,
el llanto del final,
y el espejito que fue
y que ahora refleja
su eterno
recuerdo inmortal.


No olvidara que compartían
la tristeza
pero ella la del blues,
y el la del tango.

No olvidara los poemas,
las letras,
la música,
la alegría de saber que ella es única.

No olvidara lo aprendido,
(quisiera olvidar lo enseñado)
no olvidara que ha conocido,
la complejidad de la hermosura
y la simpleza de la ternura
en una sola figura.

No olvidara,
lo terrible de la perfección,
lo destructivo de un corazón,
lleno de dudas .

No olvidara el dolor
de una mordedura,
las marcas en la piel,
alguna noche fría y de luna,
la humillación de no poder ser,
todo lo que se necesitaba ser.

No olvidara el impulso
Y la irracionalidad
Con que se amaron
No olvidara que (desde siempre)
Ella fue la ficticia Jeanie,
Y él, el ficticio Mariano

Y si esta solo es por elección,
porque sintió algo de horror,
en la mujer que cuando sus ojos vio,
su alma descubrió.

Se queda con el dolor,
porque como dijo sócrates
(ella lo leyó en Fedón)
es lo que llega luego del amor.

Vence al infierno, caminante
vence al cielo, caminante
véncete a ti mismo, y dime
si al final, si después de todo
tienes coraje.

viernes, 4 de noviembre de 2011

Al azar 2

Me siento vacío. Voy a aprovechar este momento para escribir. Quiero avisar que estoy usando el principio de indeterminación, significa que no se qué carajo escribir. Carezco de imaginación o creatividad. Hay personas que vuelan todo el tiempo, no entiendo como lo hacen. Yo estoy tan con los pies en la tierra, tan sujetado a la “realidad”. Y lo peor de todo es que estoy sujetado a una realidad que no si es real. ¿Qué realidad es real? Esta no lo es, debe ser una que me invente yo, vaya a saber uno cuando. No puedo precisar el momento en que me perdí. Tendría que haber nacido oveja como todos, che! Lo peor es que no siento un orgullo por mi manera de ser o de pensar. Es que no me ha dado frutos. No soy nada. Oh, cogito, ergo, sum , que mentira. Yo pienso, por lo tanto, no existo, no soy, no sum. Me convierto en espectador, en watching the wheels go round and round, diría Lennon. Al menos me queda el consuelo de que esto que soy me lo hice yo. A mí nadie me pensó, eh. Nadie me eligió los libros que leí, nadie eligió las películas que vi, nadie eligió las mujeres que ame, nadie eligió las cosas a las que me negué. Que consuelo, saber que uno es un desastre por culpa de uno mismo. Soy un desastre lindo, eso sí. Un desastre divertido y encantador, un poco cínico, un poco culto, un poco admirable. Siento que hay gente que me mira y cree que detrás de esto hay un tipo decidido, ideas bien claras, extremista, para mi blanco o negro, si o no, para mi o hay igualdad o no. Perón con su “estado de bienestar” no me va, Perón expropiale las tierras a los oligarcas, le tendrías que haber hecho caso a Evita. Que mujer esa, ya tenía preparada las armas para llevarle a los sindicatos. Claro que Perón la detuvo, devolvió las armas, y se quedo en el molde. Bueno, armas no igual, tampoco la pavada Eva. Me reflejo en su odio a la clase alta, nada más. Esas casas que uno que tiene que ver cuando camina es como un escupitajo en la frente. Es un “mira lo que tengo y vos no”. Pero claro, tiene justificado su dineral, ellos estudiaron, oh y en las mejores universidades, son pro-fe-si-o-na-les. Que palabra esa, sabes los profesionales que conozco yo. Del tango, de la opera, del arteeeeeeeee. ARTE.  Esos, los artistas, tienen ganado el dinero, ¿sabes por qué? Porque no lo quieren. Las únicas personas que tienen ganado el dinero son las que no le importa andar en un auto último modelo. Como a mí, me encanta caminar, uno no sabe que se va a encontrar. Tampoco se está preparado para nada. Salís desarmado así, tan libremente, es tan hermoso. Sin reloj, sin nada. Y pasa la gente que saluda, tan lindas algunas personas. Algunas que uno cree que no lo quieren saludar, pero pasan en bicicleta y te gritan. Qué lindo caminar. O dormir, descansar de uno mismo.  No tener que escucharse más. Es terrible escucharme a mí dentro de mi cabeza. Duermo y se calla la vocecita, pepe grillo se muere por unas horas. Que relax. Menos mal que tiempo de sobra tengo. Y si, es regalarle horas a la muerte. Como dijo mi tío a mi me encanta le regalo horas, días, meses. Bueno me canse, que transgresor esto de escribir che, ahora soy palabras, sin la materia esta que tanto nos pesa. Las células encadenadas formando un cuerpo que no nos gusta, que pesada es la materia. Chau 

sábado, 29 de octubre de 2011

Al azar

"Todo el mundo corría hoy. Nunca entendí porque las personas (“¿las personas?”, hablo como si yo no fuera una persona) al sentir la lluvia en sus cabezas o al ver las gotas en la calle se desesperan y comienzan a buscar refugio. Yo no hago eso, no. Cuando comienzo a ver las nubes de la tormenta se me llena el corazón de esperanza. De esa esperanza de quien espera la lluvia, y de quien sabe que está a punto de caer y que la va a sentir en todo su cuerpo. Y entonces sucede lo esperado y la lluvia cae. Y es hermoso porque es inevitable, porque la lluvia cae, y los que la odian y corren no la pueden detener, y los que la aman y la disfrutan, como yo, tampoco la podemos detener. Comienza y se detiene cuando se le da la gana. Como el amor, o como la vida. ¡Qué hermosas las cosas inevitables! Las que no decidimos y no queda nada más que asimilarlas y aceptarlas. Con buena o mala cara, eso sí depende de uno. A veces lo único importante es la cara que ponemos ante lo que nos sucede y no tanto lo que nos sucede en sí. Hasta hay cosas que nos suceden solo para ver cuál es nuestra cara. Con “cara” me estoy refiriendo no al sentido literal, sino a las actitudes y reacciones que tenemos en contraposición a lo que nos acontece. Es como una prueba. No voy a hablar de nada religioso, o metafísico, o que se yo. Es la vida misma eso. Acción-reacción. Acción (casualidad, azar, alguien calculando los números hasta los más mínimos ceros y unos) y reacción (nosotros, solos, eligiendo, soportando, disfrutando, sufriendo, destruyendo, construyendo) eso es la vida." 

miércoles, 26 de octubre de 2011

La verdadera Jeanie.

Existen días tan hermosos que, de tan hermosos, nos  obligan a tomar caminos largos a casa. Entonces caemos en ese juego laberíntico de cruzar plazas, bordear ríos, dibujar con nuestros pasos líneas zigzagueantes, de perdernos en la ciudad, de convertirnos en ella, en ser la sangre que recorre las venas-calles de la ciudad, en bombear a la ciudad y jugar a que somos la única parte móvil de todo un universo inanimado de cemento. Y cuando llegamos al verde césped y vemos como los árboles crecen y nos saludan, y tocan el azul-cielo y sentimos la brisa de primavera, recién ahí una se da cuenta de que es humana.
Hoy fue uno de esos días. Mientras caminaba me sentía perseguida, y tarde un tiempo en notar que la sombra que me perseguía no pertenecía a otro que a Mariano.
Es tan hermoso Mariano. Lo vi caminar detrás de mí con unos libros en la mano y lo llamé para que me alcanzara y el dijo que no con la cabeza, en ese momento pensé que era un chiste, pero luego tuve que frenar y esperarlo porque no se dignaba a levantar un ligero trote para alcanzarme mientras yo estaba en movimiento. Me saludó con un beso en la mejilla y en ese momento me pregunte porque lo hacía, fue estúpido pensar eso, era obvio porque me saludaba así. Ay, Mariano siempre camina tan rápido y tan callado! Como si tuviera algún lugar a donde ir, y yo sé que es de esos hombres que salen a la calle buscando algún hecho excepcional que los encuentre, y Mariano los encuentra! Siempre es así. Muchas veces lo detienen pequeños y le hacen preguntas y el responde con dulzura, y les sigue su juego, y si ellos tienen una pequeña rama (o espada) el agarra un palito y comienza a jugar con ellos por un momento hasta que nota que estoy caminando con él y siente vergüenza y me mira y se sonroja y tira el palito y se despide de sus guerreros.
Recuerdo un día que cruzamos por un puente y él me dijo que “bajo este mismo puente” había visto al diablo allí y que la maldad si existe. Soy tan tonta que no entendí lo que dijo hasta que otro día pase a medianoche por allí, y yo también lo vi, entonces me puse a llorar.
Es tan hermoso Mariano. Pero hoy estuvo más taciturno que nunca. Espero que no se sienta mal por lo que nos sucedió. Bueno, no estoy enamorada de él. Espero que no me odie por eso. No existe el amor instantáneo o el amor deseable (yo deseo amar a…) casi siempre me enamoro de hombres que no me interesarían en ningún otro ámbito que no sea en el del amor. Hoy casi ni me hablo y yo ahora estoy triste. No deseo perderlo. No de esta manera. Basta solo con ver sus ojos para notar lo que siente por mí y para que yo me desgarre en deseos de querer amarlo y querer decirle a todo mi ser que al que deben amar es a él, que es maravilloso, que es mi Mariano. Pero no puedo, no funciona así. Y recuerdo el poema que me escribió hace unos años:

“Las mujeres me parecen mí
Excepcionalmente indescifrables
Como signos que perdí
En un libro de extraños rituales,
¿Cómo es posible que
 Para poseer a una mujer
No baste con que la ames?
¡Pero qué dolor que tampoco
Baste con que ella te ame!”

Tiene razón, nunca entendió a las mujeres. Igual no hay que entendernos, hay que aceptarnos. Y ahora el no me va a querer más. No va a ser mi amigo nunca más. Solamente el tiempo le quitara su locura por mí y encontrara los brazos y la cálida respiración de otra mujer y se entregará por completo a ella olvidando así que yo alguna vez he existido. No quiero que suceda eso. Nunca conocí a alguien como él, es irremplazable. Pero aún así el no sabe que yo siento eso, y estaba tan callado hoy, y la brisa estaba tan linda, y él con sus ojos como buscando alguna excusa para irse de mi lado, para no caminar mas conmigo, como si yo fuese como dijo alguna vez él: “Un sol que con solo mirar por mucho tiempo o acercarse demasiado lastimaría a cualquier persona”. Que exagerado! Yo se que ahora quería escaparse por otra cosa, para que no viera lágrimas en sus ojos seguramente. Mejor, no podría haberlo soportado, que esas lágrimas sean MIS lágrimas es horrible. No las merezco. Espero que algún día esas lagrimas sean un lindo poema, Marianito. 

domingo, 23 de octubre de 2011

Bastet

Antes que nada, debo comentarte que esta será la última carta que podré escribirte. Estoy muy seguro de que mi cartero lee tus cartas. Hace una semana cuando se acercaba a mi casa, y pisaba por mi césped tan verde, lo pude confirmar. Me posicioné frente a la ventana que mira hacía la calle, mateaba para disimular, y me quede esperando que apareciera. Finalmente apareció y en el momento en que fue a depositar tu carta yo abrí la puerta y, como quien sale a trabajar, camine hasta el buzón. Lo saludé y en ese momento confirme mis sospechas. En sus ojos vi tus letras, tus palabras. Vi cada línea escrita por ti. Me asusté y seguí caminando. Entonces decidí, para no verme obligado a asesinar a mi cartero (que sería terrible porque ya nadie mata a un cartero), pedirte que no me escribas más. Al menos hasta que a ese fisgón lo despidan. No creo que falte mucho tiempo.
Me gustaría que me cuentes más de las montañas. Las describís tan hermosas que aquí en esta maldita llanura se me hace imposible imaginármelas. Espero que estés bien. Hace ya 17 meses que mi ciudad no te tiene, que yo no te tengo. Me di cuenta que todos los bares, los restaurantes, y los cines son tediosos sin ti. Desde que no estás el cielo me parece tan pequeño. Ayer estaba rosado, el rosado se confundía con mis paredes, esas que pintamos en verano. ¡Que linda te veías pintada de rosa! Igual de inmensa que el cielo de ayer.
Aquí está todo tan normal. Parece que el tiempo no pasa, que no corre como antes. A veces creo que estoy muerto. Ayer un gato me encontró, y lo traje para mi casa. Estaba en un estado terrible. Es negro. Está medio viejo. Cuando me mira me recuerda a vos. Maúlla demasiado, considerando que se encuentra en un estado de salud terrible. Pero camina y me hace acordar a vos. No come demasiado, y no juega, pero me recuerda a vos. Y eso me alegra.
Busqué en mi biblioteca y encontré tu libro de sobre cultura egipcia. Aunque nunca me gusto lo comencé a leer, de todas maneras tenía la sensación de estar releyéndolo, seguramente porque siempre me comentabas esas cosas. Descubrí en tu libro que Bastet (o Bast para los amigos) es una diosa en forma de gato cuya misión es proteger el hogar. Causalmente descubrí que mi gato no es un gato, sino una gata. Y a veces creo que vos sabías todo eso y que mi gata no es más que una enviada tuya para protegerme. Lo veo en sus ojos, esta gata vieja e insoportable me protege.
Desde que lo descubrí, naturalmente, la trato con más cariño. Le doy de comer muchas veces. Por momentos la pierdo y no la veo más, y siento el mismo sentimiento de abandono que sentí cuando te fuiste. Pero luego la escucho ronronear y se sube a mi sillón y me alegro de que este allí.
Cuando regreso de trabajar le hablo de mi jefe, como lo hacía con vos. A veces estoy muy seguro de que entiende mis quejas.  
Mientras te estoy escribiendo se sube a las sillas y a mis muebles y me mira. Todavía me mira, y ya ha engordado, y se siente feliz, como yo. Nos acompañamos, somos muy parecidos.
Esta es la última carta que te voy a escribir, ella no quiere que lo haga más, me dijo que mi cartero leía tus cartas. Yo lo sé porque lo vi en sus ojos pero si no fuese por la gata jamás lo hubiese notado. También me dice que vos no existís y que ella no es un animal. No lo sé, no lo puedo saber. Por momentos creo que yo también soy un gato. Me he escuchado ronronear y me he sorprendido cazando palomas.
¿ Quién sabe si todos los gatos no somos más que humanos que se cansaron de esperar y de ser humanos?